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La fauna en Núñez


Un perro pequeño y negro que levanta su pata en el escalón de fumar todas las mañanas, creyendo que marca su territorio, sin saber que lo comparte conmigo. ¿Cuántos más creen que es suyo?


Una mariposa que intenta despegar desde el pleno cemento de Pedraza; no lográndolo, se empeña en una danza irregular que a veces alcanza unos centímetros pero vuelve a caer al frío del pavimento. Autos, camiones, transeúntes, todos pasan a otra velocidad a centímetros de su vida que se extingue. De repente, deja de moverse. De repente, el viento hamaca sus alas inertes.


Unas palomas pastando en el gran tacho de basura barrial, dispersándose cuando alguien se acerca a revisarlo también, en busca de lo mismo. Las palomas no temen a los bólidos ni a los hombres, más bien los desafían.

Bicho caprese o breve derrotero hacia la muerte de Don Fortunato


Anteayer vi que la albahaca del jardín había sido devorada por entes desconocidos. La albahaca del jardín fue devorada por bichos, seguramente, y los malvones corrieron la misma suerte. Los malvones, con lo salvajes que son, corrieron la misma suerte que la albahaca del jardín, perfumada, verde, lozana. Lozana era y ahora es despojos de lo que era, al igual que los malvones, que también eran lozanos y verdes y ahora son esqueletos vegetales y tristes. La tristeza que me produjo no puedo escribirla porque la tristeza no se escribe, se llora o se canta, pero no se escribe. (Mentira.)

Ayer revisé la albahaca para cerciorarme de que la tristeza era justificada, es decir, que había dejado de ser hermosa para convertirse en jirones de naturaleza. Y sí, jirones era y culpa de la naturaleza era, reflexioné luego. Entonces al acariciar una de sus hojas toqué algo que no era hoja ni lágrima, sino bicho. Bicho era feo era bicho sucio feo comedor de albahaca dado a la comida mediterránea bicho pesto bicho caprese. Le dije nomás te falta el queso y el tomate la concha de tu madre, ¿querés un poquito de aceite de oliva también? La madre del bicho andaría por ahí, lo dije fuerte para que me escuchara ella y los vecinos. (Alarde.)

Observé al bicho. Era como un cienpiés, como un gusano. Un bicho de esos que no se sabe cuál es la cabeza y cuál el cabo. Decidí interrumpir el ciclo natural, como buen ser humano, y lo arranqué con hoja y todo de la albahaca, pobre albahaca, asolada por las lluvias de verano y mi descuido. Entonces me erigí en juez, en verdugo, en testigo, en victimario, en dios. Una vez erigido, deposité al bicho en un frasco con una hoja de albahaca y lo consideré despacio, entregándome al goce abyecto que otorga el poder de capturar algo vivo. El bicho no intentaba escapar, sino que comía albahaca. ¡Oh bicho inconsciente del destino, necio y feliz bicho de las mil patas! (Evocación.)

Decidí no matarlo para perpetuar un acto de infinita grandeza que me haría famoso entre los justos. Pero lo mantuve cautivo durante horas para disfrutar de su encierro y de mi pequeña y secreta autarquía. Al cabo de un día, había devorado lo que quedaba de albahaca, el muy hijo de puta. Así que, poseído por renovados bríos y renovada crueldad, decidí recrear la inolvidable historia del tonel de amontillado. Yo sería Montresor y el bicho, Fortunato. Sin dudas, el acto más complicado de reproducir sería el más macabro, el último, el de las palabras fatales que pronuncia Fortunato al darse cuenta de que sería sepultado en vida por su amigo: "¡Por amor de Dios, Montresor!"; la dificultad principal consistía en la mudez del bicho. Avisado de esta imposibilidad, decidí recurrir a la imaginación: al tapar el frasco por última vez, oí con regocijo su trémula voz pronunciando la frase convenida, ahora consciente de su desgracia. Recordaré siempre el ruido sordo que hizo el frasco al caer en el tacho de basura. (Toc.)

Enceguecido por la sed de más sangre, averigüé en el vivero cuál sería el veneno más adecuado para exterminar todo rastro de los bichos gourmet. Me informaron que se trataba de orugas. Inmediatamente las imaginé mariposas y lloré. Vi su vida truncada por mi mano y lloré. Compré el veneno infalible y entendí que yo era Fortunato desde el principio.
No pude más que pronunciar la consabida frase, temblando de pavor ante el asombro de la vendedora. (Desengaño.)

Al rociar el insecticida sobre la albahaca recordé al viejo Fortunato y pude verlo, ya mariposa, volando torpemente dentro de un frasco sepultura, en la soledad infinita del basurero municipal. 



(Por Nico.)

¡Gracias por tanta música!


Lávate paloma, con aire mojado, las patas y el pico
la pluma y el vuelo, volando, volando...
Lávate la sombra, luna distraída, con jabón de estrella
y espuma de nube, salina, salina...
Lávate las hojas, dormido verano, con agua llovida
y esponjas de viento, salado, salado...
El aire me lava, la luz me despeina, la traviesa espuma
me pondrá peluca de reina, de reina...


La matemática hace mal - HOY: "Un hotel increíble", Fascículo 3

Los días transcurrían plácidos en el hotel infinito. Los huéspedes se solazaban entre los verdes prados incesantes, buscaban tomos en la Biblioteca de Babel y agujas en pajares interminables. Pero un día la desgracia se apeó en la puerta...

Doña Desgracia Morales, representante de la Asociación de Hoteleros Universales Agremiados Holísticamente Únicos (AHU-AHU), bajó de su corcel galáctico con ademán urgente. Se acomodó los grilos, gargajeó de colmillo, se arregló la melena y, pitándose un faso, rumbió pal hotel.

- Como representante de las infinitas agencias turísticas agremiadas en mi Asociación, vengo a solicitar hospedaje para infinitos turistas que han contratado a las infinitas agencias.

Al conserje se le frunció el moño.

- ¿... Eso cómo sería?-, alcanzó a balbucear.

- Infinitos número de infinitos-, respondió Desgracia mientras se abanicaba con su diploma de doctorado en matemática aplicada.

- Pero el hotel está lleno-, intentó escapar el conserje.

- Vamos...-, agitó la Doña. El conserje no era difícil de convencer.

- ¿Hay chinos?-, alcanzó a preguntar, al borde del llanto.

- Tantos, que sólo ellos llenarían el hotel.

El conserje se paró sobre el mostrador de la recepción y, rasgando sus vestiduras, profirió un alarido que parecía evocatorio. Luego, tomó el micrófono y se comunicó solamente con las habitaciones cuyo número fuera primo (p distinto de 1) o alguna potencia de estos (p^n), pidiéndoles que elevaran al cuadrado el número de habitación en la que se encontraban ((p^n)^2) y se cambiaran a esa habitación. Entonces asignó a cada una de las infinitas agencias un número primo (distinto de 1) y a cada uno de los turistas de cada una de las agencias un número impar (t), de manera que la habitación de cada uno de los turistas se calculaba tomando el número primo de su agencia (p) y elevándolo al número que les tocó dentro de su agencia (t), lo que da p^t.

Siendo que existen infinitos números primos e infinitos números impares, fácilmente logró el sabio conserje hospedar a un número infinito de infinitos huéspedes en el famoso hotel que nuestra atención ha absorbido durante tantas deshoras laborales.

Horas después, el conserje tomó el micrófono y anunció a todas las habitaciones: "Sólo soy un hombre".



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Ñoñalejas:
- Infinito por infinito es igual a infinito.

- Los chinos ocupan el mismo espacio que los cristianos.
- Escribir esto lleva más de tres semanas.



(Por Nico)

¡Nazi! ¡Uruguaya!

"¡Me ha tratado de nazi, pero no es la primera vez! Otra vez me trató de abanderada de los uruguayos... Estoy acostumbrada...", dijo al borde de las lágrimas la senadora Negre de Alonso, refiriéndose a los dichos del senador Pichetto.



(2:20 > 2:26, no vale la pena escuchar el resto, pero sí verla llorar al final, muy cómico)


El triunfo del amor arranca lágrimas condenadas de amargura, lágrimas con sabor a poder que se apaga, que se diluye entre las masas que se besan y aman sin pedirle permiso a aquel dios virgen y retrógrado. Pero también desata la alegría de sentir la libertad.


(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "Un hotel increíble", Fascículo 2

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SOLICITADA AL PÚBLICO
La Redacción solicita a los infinitos visitantes que dejen de nombrar a Paenza porque se nos va a materializar y ahí quién lo para.
Muchas gracias.
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Y un día llegó al hotel infinito el dueño de una famosa agencia de turismo. Estaba desahuciado. Llamó al conserje mientras se aflojaba la corbata en gesto de ahogo.

- Son millones... ¡Millones de millones!-, balbució.
- ¿Eh?-, respondió el conserje.
- Infinitos... Infinitos huéspedes quieren hospedarse aquí. Ya les expliqué que el hotel está completo, pero no quieren entender.
- Bueno, cálmese, ¿hay chinos?
- ¡Muchísimos! ¡Le diría que infinitos!
- ¿Pero hay más chinos que cristianos?
- Hay infinitos chinos e infinitos cristianos. Pero los chinos son muchísimos más.
- Entiendo. Déjeme ver cómo lo solucionamos.

El conserje se enfrentaba a un problema magno: ¿cómo alojar infinitos huéspedes en un hotel infinito, pero lleno de infinitos huéspedes? Era muy pillo, muy pillo este señor. Así que tomó el micrófono que lo conectaba a las infinitas habitaciones e hizo el siguiente anuncio: "Su atención, por favor. Siendo que ha arribado un contingente de infinitas personas, incluyendo infinitos chinos, es necesario que se relocalicen. Cada huésped deberá trasladarse a la habitación con el número que surge de multiplicar por dos el número de su habitación actual".

De esta manera, el habitante de la habitación 1 pasó a la 2, el de la 5, a la 10, el de la 123, a la 246, etcétera. Así quedaron ocupadas las infinitas habitaciones pares, por lo que las impares quedaron libres (cualquier multiplicación por dos da como resultado un número par). Entonces el conserje ubicó a los infinitos nuevos huéspedes en las infinitas habitaciones impares y el problema fue resuelto.


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Ñoñalejas:
- Infinito más infinito es igual a infinito.
- Hay tantos números pares como números, pues ambos conjuntos son infinitos.


(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "Un hotel increíble", Fascículo 1

Había en aquellos tiempos un hotel en el espacio intergaláctico. Era un hotel colosal, con infinitas habitaciones. Un día, el hotel estaba lleno de infinitos huéspedes. La condición para hospedarse en el peculiar hotel inagotable era cambiarse de habitación cada vez que lo solicitara el conserje. Llegó entonces un viajero cósmico, que se presentó a la recepción:

- ¡Ea! Que soy un viajero cósmico y deseo morada -, dijo.

- El hotel está lleno -, respondió el conserje.

- No me dejés tirado -, replicó el viajero.

- Veré qué puedo hacer -, dijo el conserje terminándose una empanada de pollo a las finas hierbas.


¿Cómo hacer para alojar un huésped más en un hotel infinito, repleto de infinitos huéspedes?


El conserje no era logi. Mediante un micrófono comunicó a todos los infinitos huéspedes que se trasladaran a la habitación que tuviera el mismo número que la actual más uno. Es decir, el huésped de la habitación 1 iría a la 2, el de la 2, a la 3, el de la 124, a la 125 y así sucesivamente. Entonces, la habitación 1 quedó libre y allí pudo alojarse el nuevo viajero.


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Moraleja ñoña:

Infinito más uno es igual a infinito.


(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "La Biblioteca de Babel", Parte 2

Entonces tuve una epifanía en Punta del Diablo. Balanceábame yo plácidamente en una hamaca paraguaya y meditaba acerca del cuento, de la biblioteca, de la cantidad de libros, de Borges. Una charla con mi compañera me había abierto los ojos a una nueva forma de entender el relato, mucho más sencilla, mucho más profunda. Y así concluí que la primera solución que di, la de los cálculos, era incompleta, absurda e innecesaria, típica de un ingeniero. Intenté olvidar todo y recomenzar; llegué a algo bastante más interesante y cercano, supongo, a lo que el autor del cuento pretendía.

Hete aquí, despiadado lector, mi segunda y definitiva solución al problema:


Observación sobre "La Biblioteca de Babel", de J. L. Borges
(o "Pequeña Refutación del Cálculo Matemático")

El número de libros que resulta de la biblioteca ideada por Borges es arbitrario (25 ^ 1.312.000). Esto es así porque las cifras que describe el autor también lo son (410 páginas, 40 líneas, 80 caracteres, 25 símbolos). Pensando en el tema, resulta claro que a mayor capacidad de los libros, mayor la cantidad de libros que resultaría. Es decir, si los libros fueran más gruesos, deberían ser muchísimos más para agotar todas las combinaciones posibles. Notar esta curiosidad me llevó a pensar lo contrario: a libros más pequeños, menor cantidad de libros necesarios para completar la biblioteca. Entonces si los libros fueran de 10 páginas, bastarían 25 ^ 32.000 volúmenes para registrar todo lo que puede escribirse. Siendo que el número de libros resultantes en la biblioteca de Borges es arbitrario, modificar las cifras no modificaría el resultado final, que es una biblioteca que contiene todo lo que puede escribirse con los símbolos dados. Además, el hecho de que los libros tengan un tamaño más limitado tampoco trae problemas en cuanto a la registración de textos más grandes, pues ocuparían tantos volúmenes como fuera necesario (esto también sucedería en la biblioteca de Borges); o sea que al reducir el tamaño de los libros y, por consiguiente, su cantidad, seguiríamos teniendo registradas las mismas combinaciones que en la biblioteca de Borges. Ahora bien, al llevar esta idea al extremo (práctica matemática habitual), nos encontramos con lo siguiente: si en cada libro cupiera un único caracter, bastarían 25 libros para completar la biblioteca. Siguiendo la línea de pensamiento, esta biblioteca de 25 libros con un caracter diferente cada uno sería análoga en contenido a la biblioteca de Borges y a la de libros de 10 páginas, y entonces podríamos tener encima de una mesa lo que antes ocupaba millones de millones de Universos de espacio.

En conclusión, Borges utiliza algo que entendemos como un "artificio matemático" para explicar la noción de infinito y las cuestiones de los transfinitos. Lo interesante es que su biblioteca de Babel tiene exactamente la misma utilidad (o inutilidad) que la nuestra de 25 volúmenes. Navegar su biblioteca es tan vago como navegar las letras del alfabeto; la información que contiene en sí esa biblioteca es la misma que contiene el conjunto de símbolos utilizados, o sea, ninguna. En todo caso, es como dice Borges: la biblioteca es ilimitada y periódica, sin importar su tamaño, tal como lo es lo que podemos escribir con sus símbolos. Esto sería para Borges una alegoría del Universo, que nombra desde la primera oración del relato.


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(La biblioteca infinita se escribe en un renglón; el Universo cabe en la mochila de cualquier niño.)


(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "La Biblioteca de Babel", Parte 1

Este blog está alcanzando una popularidad casi insostenible. Pero una popularidad negativa, cosa curiosa, si las hay. Esto sucede porque la gente, en lugar de entrar, no entra. Entonces si sumamos la cantidad de gente que elige no entrar al blog, realmente reunimos ejércitos, multitudes que persisten en esa inteligente actitud. Miles de millones de personas, incluyendo gran mayoría de chinos, se alinean gracias a este blog y forman un grupo cohesionado y firme: el de la gente que no visita esta página. Nos honra y nos deja patitiesos tal involuntaria distinción.

Contumaces y entusiastas como somos, hemos de inaugurar una pequeña subsección de Condenados. En pos de mantener un público selecto y exclusivo, será el espíritu de estas publicaciones la exaltación de la complejidad y de la lógica a veces absurda e irrefutable de la realidad. "La matemática es el lenguaje del Universo", se ilusionaba un griego, pero no sabía que el Universo hablaba todos los idiomas.

Y antes de que nos señalen, Paenza no tiene nada que ver con esto.
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Leer "La Biblioteca de Babel", de J. L. Borges, es meterse en un problema. Por lo menos, lo fue para mí cuando me dejaba seducir un poco más por los ardides numéricos. De tal manera que entendí mal y me enfrasqué en la resolución del problema que plantea el cuento, en realidad, del problema más fácil que plantea el cuento. Este consiste en calcular la cantidad de libros que albergaría la biblioteca universal de Babel. A esta altura, estimado lector, es bueno que lea el cuento si aún no lo ha hecho: "La Biblioteca de Babel".

He aquí, la primera de mis soluciones al problema. Es tan exacta como inútil:


Cálculo de la cantidad de libros en la Biblioteca de Babel, de J. L. Borges

Datos

Según Borges, cada libro de la Biblioteca tiene las siguientes características:
- 410 páginas
- 40 renglones por página
- 80 caracteres por renglón
- 25 símbolos posibles (22 letras, el espacio, el punto y la coma)

Se deben considerar las siguientes hipótesis enunciadas por Borges:
- Todos los libros son diferentes.
- Los libros contienen todas las combinaciones posibles de los 25 símbolos.

Cálculo

P: Páginas por libro
R: Renglones por página
C: Caracteres por renglón
S: Cantidad de símbolos posibles

Teniendo en cuenta los datos, habría que calcular la cantidad de caracteres que contiene cada libro para luego determinar la cantidad de combinaciones diferentes posibles, que equivaldrá a la cantidad de libros de la Biblioteca.

(El símbolo
^ significa "elevado a").

Cantidad de caracteres por libro (CC):
CC = P x R x C
CC = 410 x 40 x 80
CC = 1.312.000
CC = 1.312 × 10^3

Cantidad de libros posibles (CL):
CL = S^CC
CL = 25^((1.312 × 10^3))


Reflexión

Este número resulta a simple vista más pequeño de lo que en realidad es, culpa de la notación científica. Se calcula que la cantidad de átomos que hay en el Universo está entre 10
^72 y 10^87, lo cual es un número ínfimo en relación al que hemos calculado. Digamos que si cada libro ocupara un átomo de espacio, no alcanzaría el Universo conocido para alojar una mínima parte de la Biblioteca. De hecho, si cada átomo del Universo se convirtiera a su vez en un Universo igual al nuestro, seguiría sin alcanzar el espacio para alojar a la Biblioteca de libros atómicos.

El autor, que lo sabía, empieza el cuento diciendo: “El universo (que otros llaman la Biblioteca)…”.

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(Borges se me hubiera cagado de risa.
)


(Por Nico)

Intimidades de una visita al dentista

Martes, 18:45 hs. Combatientes de Malvinas y Llerena, Villa Urquiza, Ciudad Autómata de Buenos Aires.

Al salir de la cita con el odontólogo (gran infección, Amoxidal 500, volvé en dos semanas), la cámara de diputados discute acaloradamente la aprobación del matrimonio homosexual y ya no me preocupa la muela. Ganas de comer un pancho (en realidad, ganas de fumar, pero ya no fumo -excepto a veces-, entonces: ganas de comer un pancho). Bar-parrilla-café-conventillo a punto de desmoronarse. Ventana a la vereda con cartel "Chisap" y máquina-hacedora-de-panchos a la vista. Angurria del hombre, gula incontenible, avidez, codicia de pancho. Débil resistencia de la voluntad, herida por la contienda del tabaco, sometimiento ante la tentación. Se efectúa el pedido desde la ventana-mostrador: "¿hay panchos?, deme uno, por favor". Vendedor mugriento, desalineado y gentil: "demora un ratito, sentate", invitación a pasar y compartir una mesa con las moscas y las sobras de banquetes pretéritos.

Ya en la mesa, ganas de hacer pis. "¿Hay baño?", -"Seeee, pasá por ahí". Mano que indica un fondo, una trastienda, un tras-bambalinas del antro. Temor. Envalentonamiento. Caminata al patio, baño en el fondo. Dama lavando ropa en pileta de cemento. Baño de damas, baño de caballeros. Baño de caballeros imposible de describir mediante el idioma. Sinfín de olores ancestrales, épicos. Hedor cósmico y violento, con ganas de boxear. Barandaje infumable, respiración contenida. Mingitorio rudo y sucio, como todo. Realizo 3 respiradas en total durante mi permanencia en el pequeño recinto nauseabundo. Particular sistema de lavabo sin lavabo, croquis en 3 dimensiones a continuación:


Huida a alta velocidad, desandando el camino hasta el salón del boliche. Pancho en elaboración, empanadas en vitrina. Se desconoce si la nueva tentación proviene del repulgue o del morbo. Se presume la segunda. Llamativo:

- Empanada de carne: $2,50
- Empanada de jamón y queso: $3

No se especifica de qué animal se obtuvo la carne. “¿Qué le ponemos al pancho, maestro?”, “Mayonesa nomás”. Entrega del pancho. Más frío de lo que entró a la máquina-hacedora-de-panchos. No contento, solicitud de empanada de jamón y queso. Detalle de secuencia: se aproxima otro socio que hasta el momento permanecía inadvertido, abre la vitrina, toma con su mano izquierda una empanada, la extrae de la vitrina, sopesa la situación, me obsequia una mirada, vuelve a sopesar la situación y vuelve a mirarme, pero esta vez produce una mueca inabarcable que no intentaré describir (incluía los labios apenas de coté y no terminaba de ser una sonrisa informe) mientras entrega la empanada con la mano izquierda desnuda, cual ofrenda, cual él nativo yo divinidad, cual él ancestral yo efímero, cual él escuela primaria yo universidad, cual él local yo visitante, cual él bar yo estúpido. La mano izquierda desnuda, desnuda la empanada rellena de una promesa de jamón y queso, 50 guita más onerosa que su colega cárnica, desnudo de prejuicios el oferente, desnuda mi alma que sostenía un pancho frío e igualmente desnudo, desnuda la mano que tomó la empanada y la introdujo así, desnuda, en el bolsillo izquierdo de la campera media-estación. No había posibilidades de que sucediera de otra forma. Secuencia que comienza con un acto y entrelaza nuevos actos del mismo tenor: empanada morbosa, mano desnuda a mano desnuda, empanada que descansa desnuda en bolsillo.

Desconcierto al pagar, desconcierto al partir. Asombro al morder el pancho una vez más y notar que la mayonesa sabe a mostaza y verificar que no es mostaza. Pancho que descansa en un cesto naranja. Empanada que descansa desnuda en un bolsillo mientras compro un Amoxidal 500 y los gays se preparan para festejar.


(Por Nico)

Un Ayudín pal Cristo


"Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen".



Antes de esa frase llena de ingenuidad y grandeza, lo fustigaron con 39 latigazos y lo escupieron y se burlaron de él y le clavaron una corona de espinas en el marote y lo hicieron cargar su cruz y cayó tres veces y siempre lo patearon, lo putearon, lo condenaron. Ya clavado en lo alto del monte Getsemaní, bebió vinagre y pronunció sus ante-últimas palabras, nunca lo suficientemente célebres como para ser polémicas: "Padre, ¿por qué me has abandonado?". Y entregó su espíritu.

Lo que no sabían los que escribieron las escrituras es que Rohr (corporación brasileña cuya fachada es la construcción de estructuras tubulares, mas cuyo verdadero fin es el de difamar deidades) también tomaría parte en los vejámenes. Y le dibujaría dos simpáticos y cruentos pezones logotipados a modo de póstuma irreverencia. Miles de turistas desengañados, despojados de sus bienes (45 reais la entrada) y sus ilusiones (una de las nuevas maravillas del mundo) disparaban obturadores desdeñosos e incrédulos al Cristo Empalado, flamante atracción de la ciudad carioca. "Si sos Dios, salite de esa", recreaban (resentidos, blasfemos y en idiomas remotísimos) los muchos visitantes... Rohr, chocho, sacando cuentas...

A veces, hasta los dioses necesitan una limpieza.


(Por Nico)

¡Mmmm! ¡Qué rico!


¿Qué análisis le cabe a lo profano? ¿Quién designa las oscuras reglas que rigen a los Condenados? ¿Qué le puedo objetar a una noche estrellada?


La terminal de Taxqueña, al sur del DF, no es particular. Para hacerle honores a la vieja costumbre nacional, podríamos compararla con Retiro. También distribuye panchos (hot-dogs), largas filas de espera, caras somnolientas y turistas siempre ansiosos por conocer lugares a donde no van todos los turistas. Su actividad también es incesante, semi-sorda; luminoso taconear de tubo-luces bajo un alto cielo razzo (tristeza y dolor siempre por llegar).

El ancestral truco de condenar Condenados a las nunca sutiles diferencias idiomáticas regionales bastará para reír y archivar esta foto en el olvido. Sin embargo, en este foro acostumbramos negarnos a arrojar a los Condenados en las profundidades de la necedad. Por el contrario, creemos que de chucherías está hecho el mundo y de desengaños, nosotros. Son las dos fuerzas que rigen el Universo, son Eros y Tánatos, respectivamente (¿o Tánatos y Eros, respectivamente?).

Como sea, vaya este Condenado rescatado del tiempo y el espacio mexicano para todos los que todavía creen que el Universo también sabe cagarse de risa.

Pero nunca olvida.


(Por Nicochtzetl, bajo la piadosa administración del CORECRIN)

Tele o paredón

"Se me tildó de xenófobo y hace 50 años que estoy casado con una alemana", dijo Abel Posse. No trascendió, pero al doberman le puso "Mein Kampf" y al ovejero "III Reich".


No podemos negar que ha hecho arduos esfuerzos por ser considerado un gran capocómico. Me recuerda mucho a la televisión, así que es darle un programa en horario central o ejecutarlo públicamente. Ustedes dirán.

Yo voto un mix: paredón transmitido en vivo desde el programa de Tinelli.


(Los Condenados se cagan en la dialéctica).

Joint Venture


Al final era evidente la fusión secreta entre las dos compañías de las que más depende el género humano; sólo era cuestión de prestar atención. ¿Quién será el cerebro macabro que maneja nuestras intimidades fisiológicas y sociales?

A ver... Que ahora salgan toditos a decirme que es casualidad...

(Los Condenados delatan conspiraciones.)

Abnegación fatal

(Marcelo T. de Alvear al 800).


Le faltó: "... y no olvidar descalzarse y pararse en un charco".

De esta manera, los moradores de esta ciudad clausurada chapoteamos displicentes en las ciénagas del Hades.

Precauciones al salir a fumar

¡Ojoooooooo! Miren lo que me encontré cuando salía tranquilo a fumar mi cigarro de las 16...


Ahora nos quieren hacer creer que:
1) Pocho La Pantera es una persona normal que camina por la calle.
2) Una remera azul chillona con un medallón de oro falso y un saco beige combinan bien.
3) Córdoba al 1300 no es un buen sitio para tararear El Hijo de Cuca, pues se corre el riesgo de ser acompañado.

Mucho cuidado, muchachos, uno nunca sabe cuándo lo van a atacar los sofismas de los Condenados.

Altar de un Cronopio


(Talcahuano entre Av. Córdoba y Paraguay).

En un bar de Cronopios, el dueño ostenta sus máximas. La proximidad de la Virgen Santa con la burra es una singularísima e intencional vindicación de la doctrina eclesiástica.

Muchos de los condenados son Cronopios. Es cuestión de aguzar la vista nomás.

Epílogo: Desde que encontré el Bar Tabaré me hice irremediablemente parroquiano.

El hombre del paraguas



Ni atisbo de lluvia. Pero él y tanto paraguas. ¿Exceso de precaución? ¿Confabulación a plena luz del día?


Córdoba al 1300. Un hombre se pasea impune, casi litúrgico con su artefacto anti-lluvia. Ni una gota llora el cielo gris, ni un rayo osa el Gran Astro, pero él no cesa en su paso apurado y cuidadoso. Tampoco olvidó su "pilotín" (palabra siniestra) y sus hombros levantados como el que atraviesa un vendaval. Cualquier tentativa de explicación resultaría inútil, no revuelvan sus inteligencias.

Total: los conjurados pasean por la Avenida Córdoba, ojo al gol.

PD (sugerida por A.): Ni hablar de la moto amarrada al poste que, a nuestros ojos desatentos, resulta invisible.