De Pie

********************************* Atención *********************************

Era la tormenta emancipadora. Eran el trueno y el relámpago de la reinvindicación.

Eran un aguacero momentáneo: ojos viscos creyeron ver la ciudad inundada por un par de gotones, pero que querés, a la cuidad la inunda cualquier inepto con bigotes.

Creyeron derrumbar al Corecrin con bravuconadas infantiles... ilusos!

Los juicios estéticos cercanos a la divinidad notaron cómo el Comando Revolucionario elevó los cánones de este blog para hacerlo sublime, cuando no irresistible para aquel que, sin nada mejor que hacer que estar frente a una PC consumiendo su vida, precisa de Chucherías y Desengaños para seguir adelante.

A pesar de los ataques cipayos del extranjero, continuamos en el timón de este mar que se hace barco para que sea tolerable, y encima en español.

Y gratis.

A la plaza a tomar mate, que hay sol che.

(Por el CORECRIN)

Crónicas del 28 - Tercer entrega (oficial)

Hoy tome tres veces el 28 para llegar al laburo, quedando el trayecto de viaje dividido en 3 partes, cada una producto de sus propias causalidades.

Causalidad nro. 1: ir a trabajar. Esta deriva en la afronta diaria de tomar el colectivo en Av. Almafuerte al 600, barrio de Parque de los Patricios.

Durante la correspondiente parcialidad del viaje encare de la misma forma que todos los días: auriculares, mirando hacia alguna ventana, una mano en el túbulo de sujeción del techo con su correspondiente caldo seco, la otra mano en el bolsillo, y la vista alternando entre algún escote y el paisaje urbano.

Causalidad nro. 2: Todo transcurría dentro de lo previsible hasta que a la altura de San Telmo se escucho el popular grito "¡Momento! ¡MOMENTO!". Casi nunca se enuncia más de dos veces ese grito, sin embargo esta vez continuó motivado por la negación del chofer a detenerse y otorgar la imprecisa medida temporal. El grito fue continuado por un "AAAAHHHHHHHHH!!!!!!!!!!!!", presumiblemente de dolor. Inmediatamente comprendí que el momento solicitado no sería breve.

Justo delante de mí, por fuera del vehículo ya detenido, un tipo sentado en la calle agarrándose el tobillo derecho con la mano izquierda, voceando lamentos de dolor que al llegar a mis oídos casi sentía en carne propia. Gestos de incertidumbre, curiosidad, dolor, morbo y mal humor generalizados entre el pasaje. Detrás mío una chica comenzaba a llorar queriendo evadirse de la escena mirando hacia otro lado y agachándose mientras una señora la calmaba injustificadamente, ya que aun no tenía precisiones sobre la gravedad del asunto. Después de todo quizás merecía un llanto el sufrimiento de ese hombre.

Esta es la secuencia de pensamientos que sin duda recorrió las mentes de los pasajeros:

1 - Uy, lo hizo mierda.
2 - Sigue gritando, así que no se murió. Seguro que no fue nada.
3 - Alguien tendría que bajar a ayudar a este pobre hombre.
4 - Quizás siga el colectivo, así que no me bajo para no perderlo, además ya pague boleto.
5 - Voy a ver que hacen los demás.
6 - La gente está bajando, por ahí este no sigue y el de atrás me reconoce el pasaje. Espero que venga rápido.
7 - A ver como quedó...
8 - Me apuro a subir al de atrás así consigo un buen lugar para viajar menos incomodo.
9 - ¿Podre subir por la puerta de atrás? Esa es solo para bajar, espero que no me reten.

Un par de personas y algún policía atendieron al caído. Los aplaudí enérgicamente en mi cabeza y me dispuse a contemplar desde la vereda un poco asqueado de la reacción y apuro general. Una vieja chusma que transitaba por el lugar me quiso sacar más información de la que entregaba la escena, pero no me preste a su juego. Después me la imagine en silencio en el almacén y me dio un poco de culpa. Podría haber inventado un presunto robo por parte del hombre que hubiera sido reducido por la justicia divina en forma de colectivo.

Preferí perder el boleto y dejar pasar el de atrás dado que ya no quería compartir mi viaje con esa gente. Es así que camine una cuadra y tome el siguiente interno en una parada. Poco para comentar de este tramo del viaje, hasta que llegó a lo que denomino "punto cero", donde diariamente el caos juega sus dados y decide mi suerte: Plaza Cañada, Retiro.

Causalidad nro. 3: "termina acá este", dijo el chofer. Baje y le fui a discutir al guarda, quien, como atendiendo un grave error y una terrible injusticia de la que no tenía conciencia, me conmino a correr hacia otro interno detenido ahí mismo, el cual arbitrariamente si cumpliría con el recorrido correspondiente. Luego de arrancar, el chofer de este tercer interno, quejándose de que no lo dejaron desviarse, me espeto un "ahora me tengo que comer el pijazo yo". Y yo que pensaba que el transito era el peor de los menesteres bondileros.

Un sentimiento de preocupación me acompaño durante el día, reflexionando si el pobre hombre lesionado no se habría quejado por demás del desempeño de la línea.

(Por el que dice llamarse Leo, bajo la administrción del CORECRIN)

Confesiones psicofármicas - Vol. 8

Comienza como va terminando, siempre desconfiando pero allí estaba y era notorio el nacimiento y la caída por el extremo filoso inferior. Puntos negros como sombras que acechan tras luces de neón, visiones embrutecidas por ínfimas constelaciones cuadriculadas.

Ángeles flechadores a la distancia, miradas que no podrían cruzarse porque no son, acciones inanimadas en concierto acompasado, poder hacer si no hace, expectativa.

Es inevitable que todo termine en el filoso extremo inferior.

Despojado del escudo en la maravillosa circular eterna, ajeno a la mecánica de las repeticiones que lo obligan a volver sobre sus pasos pero lo obligarían si no fuera así porque avanza acoplado a los destellos de aquel negro resplandor de ecos de gritos de ecos repetidos que reiteran y repiten e iteran

Es inevitable que todo termine en el filoso extremo inferior.

Cuenta de horas como gotas de rocío que fue al alba y ahora es noche pero cómo contar. Otros vendrán con cuarzos justificadores de los pulsos, cuando lo eterno puede ser un instante, 19734 números que caen y nominalizan la ausencia, noseré por ser, por ese líquido...

Es inevitable que todo termine en el filoso extremo inferior.

...que es control y permanencia y entender que han jugado un juego para el cual asimilamos las respuestas y las palabras y las ideas que son palabras y respuestas a preguntas que no hicimos. Y como frascos alterados reaccionamos y encajamos en acciones ya dispuestas...

filoso extremo inferior

...como abrazos que son odios y creaciones que fueron descartes de maravillosa imaginación que no pensó como pensar es esta palabra y aunque verborragia es verbo y es nada para

que todo termine

y la bruma se haga río espeso y dios infame, arrastrándo ángeles y séquitos y gritos y clamores y números y júbilos, yo que he creado ya no soy yo y sin embargo cómo desmentir estos destellos, a fuerza de soles como desmentirlos tan solo derruirlos en el no ser; filoso extremo en mis manos se deshace y cohabita donde hubo un Universo, donde fue mi imagen, lo que fue multiplicación y ahora en procesión de puntos negros desaparece para integrarse, eso que antes se desintegró tan sutil ahora se disuelve y vuelve a formar parte: cómo explicar, cómo atravesar esos ojos que miran desde el cuadro que fue hacia el cuadro que no debería existir si no miraran para sostenerlo, como una falacia de marionetas sostenerlo; porque el cuadro estaba fuera y ahora es acción pero sobre todo visual, mirando para crear.

De la bruma de una lluvia espesa a los destellos claroscuros de la última noche, luego nada, luego nada, luego nada como antes nada.

Es inevitable.

(Por el Ilustre Desconocido, bajo la administración del CORECRIN)