Malambo Gambeta

De las profundidades de la Tierra surge un brote nuevo producto de cosechas abandonadas a la suerte del viento y la Madre Natura, vientre de miserias y milagros, despierta del letargo de lo milenario para parir un sonido: Malambo Gambeta.

La sangre recorre como un ínfimo río por las comisuras calientes de un parche ardiente que duele como el dolor de siglos en los ojos del esclavo que ronco clama con su grito: Malambo Gambeta.

Encerrados entre paredes, confundidos con el granito y respirando la cal que nos aferra a un sillón, resistimos a fuerza de un estallido que se hace música: Malambo Gambeta.

Bienvenidos a la experiencia.

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23 de Octubre, 20:30 hs. - Teatro Verdi, La Boca
Anticipadas $21 mencionando esta web, $20 si no la mencionan.
Los esperamos para dar comienzo a otra saga tribal y efímera, pero nuestra.

Pequeñas peripecias de Laureano en el mundo - Capítulo 1

No no
pequeño ser
si tu mente se escapa tienes que parar
y aprender a vivir de lo que vos pensás

"Hola, pequeño ser", Pescado Rabioso.


Cuando entró en la sala de estar la aventura de cada amanecer había quedado atrás.  El vértigo matutino con el que cada mañana era recibido por el mundo desde las cobijas que uno de estos días podrían ahogarlo, o precipitarlo al abismo de dos metros que separaba la cama del suelo, fue reemplazado por la euforia de la novedad.

Esa novedad era la causa de que esa mañana fuera diferente, no había necesidad de quedarse atascado en quehaceres rutinarios: la noche anterior había llegado a su casa el cuadro, retrato que se mandó a hacer (de perfil con el gesto napoleónico de la mano dentro del saco) para darle un aspecto señorial al comedor que solo contaba con una mesa, cuatro sillas y un sillón con mesita en un esquinero a lo lejos, sala enorme e inabarcable de una mirada.

Pero el cuadro estaba bien, en la pared sobre la cabecera de la mesa, aunque había un detalle que no le terminaba de cerrar mientras bebía su taza de café y se lavaba la cara con ella al mismo tiempo, tal era la excitación que le motivaba la contemplación.

Y sin embargo…

Se acercó tanto que parecía un espejo.

No recordaba haber pedido el cuadro tamaño natural; el detalle del arco iris al fondo tampoco había sido pactado.

Se vistió rápidamente, al borde de la crisis nerviosa tomó lo más importante y se lo calzó al cinturón (optó por dejar el celular que no le entraba en el bolsillo y le pesaba demasiado para el poco uso que podría llegar a darle), se miró al espejo o al cuadro o sus manos:

- Es hora.

Laureano abrió la puerta para atravesar su comarca y salir al mundo.



(Por el Ilustre Desconocido)

Grandes Gritos del Rock (XXIII) - La planta power

El otro día iba en el auto y en la radio (www.fmlatribu.com) arrancó una canción de lo más potente y entonces me quedé escuchando a ver qué era y de repente empieza a cantar una dama muy violenta y todo se fundía en un concierto de furia y rock. Se trataba de los muchachos de Eruca Sativa, banda cordobesa que parece que la tiene atada. Es un power-trío formado por dos señoritas y un señor. Lo que tocan no tiene nombre.

Acá les dejo una especie de samba-rock que incluye unos gritos muy afiatados que merecían ganarse un lugar en esta sección.

Está claro que esta chica grita muy bien.


Coordenadas:
Para descargar

Responsable: Lula Bertoldi
Obra: Amor ausente
Frase: (Variaciones varias)
Momento: 4:50 > 5:38

¡Que grite el rock!

Grandes Gritos del Rock (XXII) - El árbol lunático

¡Miren cómo saltan y rebotan estos muchachos de Haedo! Y sus gritos en un dialecto incomprensible para los mortales nos hacen sospechar los más oscuros mensajes satánicos. Otra de las bandas moldeadas y exprimidas por Santaolalla; hoy en día les cantan a los floggers y al Facebook, pero en su momento tenían mucho para decir.

Oigamos esta hermosa canción dedicada a la luna. La luna que baila y maquilla el baile. Esta luna fiestera que gusta de las piñatas y los ponches del color de la noche. Un autista mira un cotillón, un aroma que quiebra en dos el patio, el otoño huraño y la sarna del perro... Y esta canción cansada cuya letra nada dice.

Olvidemos los little dreams y abracemos a esta luna parrandera y ansiosa.




Coordenadas:
Para descargar

Responsable: Edu Schmidt
Obra: Luna
Frase: "¡¡¡¡CO SA DE WA SE CO IOOOOOOOOWWWWWWWEEEEEEEIIIIIIIIIIII!!!!"
Momento: 4:38 > 4:47

¡Que grite el rock!

La matemática hace mal - HOY: "Un hotel increíble", Fascículo 3

Los días transcurrían plácidos en el hotel infinito. Los huéspedes se solazaban entre los verdes prados incesantes, buscaban tomos en la Biblioteca de Babel y agujas en pajares interminables. Pero un día la desgracia se apeó en la puerta...

Doña Desgracia Morales, representante de la Asociación de Hoteleros Universales Agremiados Holísticamente Únicos (AHU-AHU), bajó de su corcel galáctico con ademán urgente. Se acomodó los grilos, gargajeó de colmillo, se arregló la melena y, pitándose un faso, rumbió pal hotel.

- Como representante de las infinitas agencias turísticas agremiadas en mi Asociación, vengo a solicitar hospedaje para infinitos turistas que han contratado a las infinitas agencias.

Al conserje se le frunció el moño.

- ¿... Eso cómo sería?-, alcanzó a balbucear.

- Infinitos número de infinitos-, respondió Desgracia mientras se abanicaba con su diploma de doctorado en matemática aplicada.

- Pero el hotel está lleno-, intentó escapar el conserje.

- Vamos...-, agitó la Doña. El conserje no era difícil de convencer.

- ¿Hay chinos?-, alcanzó a preguntar, al borde del llanto.

- Tantos, que sólo ellos llenarían el hotel.

El conserje se paró sobre el mostrador de la recepción y, rasgando sus vestiduras, profirió un alarido que parecía evocatorio. Luego, tomó el micrófono y se comunicó solamente con las habitaciones cuyo número fuera primo (p distinto de 1) o alguna potencia de estos (p^n), pidiéndoles que elevaran al cuadrado el número de habitación en la que se encontraban ((p^n)^2) y se cambiaran a esa habitación. Entonces asignó a cada una de las infinitas agencias un número primo (distinto de 1) y a cada uno de los turistas de cada una de las agencias un número impar (t), de manera que la habitación de cada uno de los turistas se calculaba tomando el número primo de su agencia (p) y elevándolo al número que les tocó dentro de su agencia (t), lo que da p^t.

Siendo que existen infinitos números primos e infinitos números impares, fácilmente logró el sabio conserje hospedar a un número infinito de infinitos huéspedes en el famoso hotel que nuestra atención ha absorbido durante tantas deshoras laborales.

Horas después, el conserje tomó el micrófono y anunció a todas las habitaciones: "Sólo soy un hombre".



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Ñoñalejas:
- Infinito por infinito es igual a infinito.

- Los chinos ocupan el mismo espacio que los cristianos.
- Escribir esto lleva más de tres semanas.



(Por Nico)

¡Nazi! ¡Uruguaya!

"¡Me ha tratado de nazi, pero no es la primera vez! Otra vez me trató de abanderada de los uruguayos... Estoy acostumbrada...", dijo al borde de las lágrimas la senadora Negre de Alonso, refiriéndose a los dichos del senador Pichetto.



(2:20 > 2:26, no vale la pena escuchar el resto, pero sí verla llorar al final, muy cómico)


El triunfo del amor arranca lágrimas condenadas de amargura, lágrimas con sabor a poder que se apaga, que se diluye entre las masas que se besan y aman sin pedirle permiso a aquel dios virgen y retrógrado. Pero también desata la alegría de sentir la libertad.


(Por Nico)

Grandes Gritos del Rock (XXI) - La reina de las voces

Furiosas lentejuelas negras que encandilan reflectores; una silueta ajustada y provocativa que se contornea y fluye en sinigual amalgama de luz y sonido; dientes como centinelas de un tesoro, como antesala del milagro; un puño apretado en dirección al cielo, ofrendando el don que acaso desde lo alto le fue otorgado. La soberana británica que no era británica sino asiática y tercermundista; voz de voces desde los estragos del imperio.

Sus elecciones siempre fueron llamativas. Eligió un polémico nombre para la banda, sin miedo de ser acusado de homosexual. Eligió componer una rapsodia que fue la más hermosa y extensa pieza de rock de la historia. Eligió un nombre que no era de él, pero no renegó de sus raíces. Eligió coronarse reina en vivo, ante millares de ojos que no podían parar de aplaudir. Eligió ser diferente cuando serlo implicaba ser señalado y morir. Eligió ser el mejor cuando había muchos mejores. Y el destino eligió que no fuera inglés cuando todos eran ingleses; el mejor de todos los tiempos, y no era inglés.

Farrokh Bomi Bulsara nació en la India los años '40, cuando todavía se arrastraba bajo las armas de la Corona Británica. Casi 30 años después era Freddie Mercury y su recuerdo sería indeleble. Falleció en Londres a los 45 años. La voz más hermosa del rock nunca había estudiado canto.

Pero quería cantar, y algo de eso sabía...

"You can be anything you want to be
Just turn yourself into anything
you think that you could ever be"


Coordenadas:
Para descargar
Para ver

Responsable: Freddie Mercury
Obra: Innuendo
Frase: "'Till the eeeeeeend of tiiiimeee!"
Momento: 6:10 > 6:13

¡Que grite el rock!



(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "Un hotel increíble", Fascículo 2

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SOLICITADA AL PÚBLICO
La Redacción solicita a los infinitos visitantes que dejen de nombrar a Paenza porque se nos va a materializar y ahí quién lo para.
Muchas gracias.
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Y un día llegó al hotel infinito el dueño de una famosa agencia de turismo. Estaba desahuciado. Llamó al conserje mientras se aflojaba la corbata en gesto de ahogo.

- Son millones... ¡Millones de millones!-, balbució.
- ¿Eh?-, respondió el conserje.
- Infinitos... Infinitos huéspedes quieren hospedarse aquí. Ya les expliqué que el hotel está completo, pero no quieren entender.
- Bueno, cálmese, ¿hay chinos?
- ¡Muchísimos! ¡Le diría que infinitos!
- ¿Pero hay más chinos que cristianos?
- Hay infinitos chinos e infinitos cristianos. Pero los chinos son muchísimos más.
- Entiendo. Déjeme ver cómo lo solucionamos.

El conserje se enfrentaba a un problema magno: ¿cómo alojar infinitos huéspedes en un hotel infinito, pero lleno de infinitos huéspedes? Era muy pillo, muy pillo este señor. Así que tomó el micrófono que lo conectaba a las infinitas habitaciones e hizo el siguiente anuncio: "Su atención, por favor. Siendo que ha arribado un contingente de infinitas personas, incluyendo infinitos chinos, es necesario que se relocalicen. Cada huésped deberá trasladarse a la habitación con el número que surge de multiplicar por dos el número de su habitación actual".

De esta manera, el habitante de la habitación 1 pasó a la 2, el de la 5, a la 10, el de la 123, a la 246, etcétera. Así quedaron ocupadas las infinitas habitaciones pares, por lo que las impares quedaron libres (cualquier multiplicación por dos da como resultado un número par). Entonces el conserje ubicó a los infinitos nuevos huéspedes en las infinitas habitaciones impares y el problema fue resuelto.


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Ñoñalejas:
- Infinito más infinito es igual a infinito.
- Hay tantos números pares como números, pues ambos conjuntos son infinitos.


(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "Un hotel increíble", Fascículo 1

Había en aquellos tiempos un hotel en el espacio intergaláctico. Era un hotel colosal, con infinitas habitaciones. Un día, el hotel estaba lleno de infinitos huéspedes. La condición para hospedarse en el peculiar hotel inagotable era cambiarse de habitación cada vez que lo solicitara el conserje. Llegó entonces un viajero cósmico, que se presentó a la recepción:

- ¡Ea! Que soy un viajero cósmico y deseo morada -, dijo.

- El hotel está lleno -, respondió el conserje.

- No me dejés tirado -, replicó el viajero.

- Veré qué puedo hacer -, dijo el conserje terminándose una empanada de pollo a las finas hierbas.


¿Cómo hacer para alojar un huésped más en un hotel infinito, repleto de infinitos huéspedes?


El conserje no era logi. Mediante un micrófono comunicó a todos los infinitos huéspedes que se trasladaran a la habitación que tuviera el mismo número que la actual más uno. Es decir, el huésped de la habitación 1 iría a la 2, el de la 2, a la 3, el de la 124, a la 125 y así sucesivamente. Entonces, la habitación 1 quedó libre y allí pudo alojarse el nuevo viajero.


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Moraleja ñoña:

Infinito más uno es igual a infinito.


(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "La Biblioteca de Babel", Parte 2

Entonces tuve una epifanía en Punta del Diablo. Balanceábame yo plácidamente en una hamaca paraguaya y meditaba acerca del cuento, de la biblioteca, de la cantidad de libros, de Borges. Una charla con mi compañera me había abierto los ojos a una nueva forma de entender el relato, mucho más sencilla, mucho más profunda. Y así concluí que la primera solución que di, la de los cálculos, era incompleta, absurda e innecesaria, típica de un ingeniero. Intenté olvidar todo y recomenzar; llegué a algo bastante más interesante y cercano, supongo, a lo que el autor del cuento pretendía.

Hete aquí, despiadado lector, mi segunda y definitiva solución al problema:


Observación sobre "La Biblioteca de Babel", de J. L. Borges
(o "Pequeña Refutación del Cálculo Matemático")

El número de libros que resulta de la biblioteca ideada por Borges es arbitrario (25 ^ 1.312.000). Esto es así porque las cifras que describe el autor también lo son (410 páginas, 40 líneas, 80 caracteres, 25 símbolos). Pensando en el tema, resulta claro que a mayor capacidad de los libros, mayor la cantidad de libros que resultaría. Es decir, si los libros fueran más gruesos, deberían ser muchísimos más para agotar todas las combinaciones posibles. Notar esta curiosidad me llevó a pensar lo contrario: a libros más pequeños, menor cantidad de libros necesarios para completar la biblioteca. Entonces si los libros fueran de 10 páginas, bastarían 25 ^ 32.000 volúmenes para registrar todo lo que puede escribirse. Siendo que el número de libros resultantes en la biblioteca de Borges es arbitrario, modificar las cifras no modificaría el resultado final, que es una biblioteca que contiene todo lo que puede escribirse con los símbolos dados. Además, el hecho de que los libros tengan un tamaño más limitado tampoco trae problemas en cuanto a la registración de textos más grandes, pues ocuparían tantos volúmenes como fuera necesario (esto también sucedería en la biblioteca de Borges); o sea que al reducir el tamaño de los libros y, por consiguiente, su cantidad, seguiríamos teniendo registradas las mismas combinaciones que en la biblioteca de Borges. Ahora bien, al llevar esta idea al extremo (práctica matemática habitual), nos encontramos con lo siguiente: si en cada libro cupiera un único caracter, bastarían 25 libros para completar la biblioteca. Siguiendo la línea de pensamiento, esta biblioteca de 25 libros con un caracter diferente cada uno sería análoga en contenido a la biblioteca de Borges y a la de libros de 10 páginas, y entonces podríamos tener encima de una mesa lo que antes ocupaba millones de millones de Universos de espacio.

En conclusión, Borges utiliza algo que entendemos como un "artificio matemático" para explicar la noción de infinito y las cuestiones de los transfinitos. Lo interesante es que su biblioteca de Babel tiene exactamente la misma utilidad (o inutilidad) que la nuestra de 25 volúmenes. Navegar su biblioteca es tan vago como navegar las letras del alfabeto; la información que contiene en sí esa biblioteca es la misma que contiene el conjunto de símbolos utilizados, o sea, ninguna. En todo caso, es como dice Borges: la biblioteca es ilimitada y periódica, sin importar su tamaño, tal como lo es lo que podemos escribir con sus símbolos. Esto sería para Borges una alegoría del Universo, que nombra desde la primera oración del relato.


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(La biblioteca infinita se escribe en un renglón; el Universo cabe en la mochila de cualquier niño.)


(Por Nico)

La matemática hace mal - HOY: "La Biblioteca de Babel", Parte 1

Este blog está alcanzando una popularidad casi insostenible. Pero una popularidad negativa, cosa curiosa, si las hay. Esto sucede porque la gente, en lugar de entrar, no entra. Entonces si sumamos la cantidad de gente que elige no entrar al blog, realmente reunimos ejércitos, multitudes que persisten en esa inteligente actitud. Miles de millones de personas, incluyendo gran mayoría de chinos, se alinean gracias a este blog y forman un grupo cohesionado y firme: el de la gente que no visita esta página. Nos honra y nos deja patitiesos tal involuntaria distinción.

Contumaces y entusiastas como somos, hemos de inaugurar una pequeña subsección de Condenados. En pos de mantener un público selecto y exclusivo, será el espíritu de estas publicaciones la exaltación de la complejidad y de la lógica a veces absurda e irrefutable de la realidad. "La matemática es el lenguaje del Universo", se ilusionaba un griego, pero no sabía que el Universo hablaba todos los idiomas.

Y antes de que nos señalen, Paenza no tiene nada que ver con esto.
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Leer "La Biblioteca de Babel", de J. L. Borges, es meterse en un problema. Por lo menos, lo fue para mí cuando me dejaba seducir un poco más por los ardides numéricos. De tal manera que entendí mal y me enfrasqué en la resolución del problema que plantea el cuento, en realidad, del problema más fácil que plantea el cuento. Este consiste en calcular la cantidad de libros que albergaría la biblioteca universal de Babel. A esta altura, estimado lector, es bueno que lea el cuento si aún no lo ha hecho: "La Biblioteca de Babel".

He aquí, la primera de mis soluciones al problema. Es tan exacta como inútil:


Cálculo de la cantidad de libros en la Biblioteca de Babel, de J. L. Borges

Datos

Según Borges, cada libro de la Biblioteca tiene las siguientes características:
- 410 páginas
- 40 renglones por página
- 80 caracteres por renglón
- 25 símbolos posibles (22 letras, el espacio, el punto y la coma)

Se deben considerar las siguientes hipótesis enunciadas por Borges:
- Todos los libros son diferentes.
- Los libros contienen todas las combinaciones posibles de los 25 símbolos.

Cálculo

P: Páginas por libro
R: Renglones por página
C: Caracteres por renglón
S: Cantidad de símbolos posibles

Teniendo en cuenta los datos, habría que calcular la cantidad de caracteres que contiene cada libro para luego determinar la cantidad de combinaciones diferentes posibles, que equivaldrá a la cantidad de libros de la Biblioteca.

(El símbolo
^ significa "elevado a").

Cantidad de caracteres por libro (CC):
CC = P x R x C
CC = 410 x 40 x 80
CC = 1.312.000
CC = 1.312 × 10^3

Cantidad de libros posibles (CL):
CL = S^CC
CL = 25^((1.312 × 10^3))


Reflexión

Este número resulta a simple vista más pequeño de lo que en realidad es, culpa de la notación científica. Se calcula que la cantidad de átomos que hay en el Universo está entre 10
^72 y 10^87, lo cual es un número ínfimo en relación al que hemos calculado. Digamos que si cada libro ocupara un átomo de espacio, no alcanzaría el Universo conocido para alojar una mínima parte de la Biblioteca. De hecho, si cada átomo del Universo se convirtiera a su vez en un Universo igual al nuestro, seguiría sin alcanzar el espacio para alojar a la Biblioteca de libros atómicos.

El autor, que lo sabía, empieza el cuento diciendo: “El universo (que otros llaman la Biblioteca)…”.

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(Borges se me hubiera cagado de risa.
)


(Por Nico)

DLAEALAD


Lado izquierdo, lado derecho, lado izquierdo o lado derecho... ¡Zas! Lado izquierdo. Estación terminal, todos los pasajeros deben descender. Un Bolívar abarrotado de gerentuchos, jefes, contadores, abogados, viudas, vendedores ambulantes, payasos, novios, carteras Louis Vuitton imitación, miles de perfumes baratos guapeándole a los caros, ojeras, ojerosos, polleras y escotes, apuntes, ejercicios de inglés, protestas, pecheos, colados en la escalera mecánica, maquillajes siempre excesivos o insuficientes y al fin el pasillo a Catedral o al Cabildo que bifurca los destinos idénticos de los transeúntes. Tacos, suelas, zapatos, más tacos, tac-tac, toc-toc, alguno que resbala, alguno que intenta un piquecito corto, alguna que mira, taconear y taconeo sordo, silencio hasta que irrumpe aquella voz atemporal, nasal y crónica: "Dos encendedores tres peso... Tres paquetes de curitas dos peso... Auriculares cinco peso... Tres pañuelos descartables tres peso...". Taconeo absorto, indiferente, que nunca podrán ver sus lentes negros, que sus oídos oirán acaso mejor que yo y despreciarán más minuciosamente, más violentamente. Baldosas que arrastran almas que marchan a la pira de todos los días, al sacrificio cotidiano del alma libre. Y entonces: "Unaassuda unaassuda unaassuda... Unaassuda unaassuda unaassuda...", repite incesante como pidiendo la pierna que le falta detrás de esa assuda que nunca vi llegar. Volver la vista al pasillo, a los carteles inútiles, siempre iguales, al que camina por el medio y no deja pasar, al que quiere pasar y no puede porque camino por el medio. Subir en cuatro saltos la escalera, destreza matutina, y no intentar correr el tren para evitar que se vaya para siempre.

Reír secretamente de algún boludo que protesta porque le cerró la puerta en la cara.

Mirar a los ojos a alguna chica hasta que baje la mirada.

Leer el titular de la Barcelona pero no sonreír.

Pararme debajo del circulador de aire y cerrar los ojos.

Preguntarme por qué le llaman circulador de aire al ventilador.

Desear que algo detenga de alguna manera la inminencia fatal de cada paso que sigue.

Subir en Catedral y bajar en Tribunales. O en Bulnes, o en Scalabrini Ortiz, o en Plaza Italia.



(Por Nico)

Intolerancia de las 15:35

He escrito un poema para un hombre. Ando diciendo que lo justifica la intolerancia de la puta vida oficinesca, pero sé que está bien justificado por los motivos que no esconde. Ha sido inspirado por un jefe pelotudo que tiene una cabeza demasiado pequeña, tanto como para generar odio a sus alrededores. Además él, el propietario de la cabeza, es un estúpido, pero yo odio secretamente la cabeza que tiene. Apenas puedo tolerarla. Estas líneas servirán, en todo caso, para exonerar mi alma de tanta ira.
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Intolerancia de las 15:35

¡Ay tú de la cabeza mínima!
Que la señoreas entre los pasillos
de esta abarrotada oficina gris microcéntrica,
microcósmica, microscópica, microproductiva

Ahora buscas un café y tu pequeña cabecita sonríe
Ahora lo bebes y te quemas, y tu pequeña cabecita se estremece
Ahora pasilleas y saludas sin mirar, y tu pequeña cabecita besa
Ahora generas desprecio y asco por tu pequeña cabecita inútil

Imagino el principio, una cabeza pequeña en un cuerpo pequeño
La pubertad fascinante, rodeada de otras grandes y medianas cabezas
El primer beso, la horrible yuxtaposición de cabezas desiguales, inesperadamente desiguales...
La adolescencia y el primer trabajo como cadete, ¡ay de los auriculares
más ajustados que de costumbre!
Pudiendo apenas abrazar tu mate mínimo, irrisorio, intolerable

Los estudios, el primer velorio, los amigos
Y al fin el engañoso encanto de la abismal oficina
Y entonces yo odiando esa cabeza pequeña, desproporcionada
que habla sandeces y escupe órdenes sin sentido, de cabeza pequeña
De poca gomina, de lentes de mujer
¡Oh cabeza, cabecita que tienes, que quisiera aplastar contra un Moaí!



(Por Nico)

Devuélvanmen al editor - Día 5

Era un camino de cinco líneas rectas. Bordeándolo en fila custodiaban sus límites ciertas variedades de pino. Hacia adelante el camino permanecía inalterable, al darse vuelta notaba que se iba haciendo difuso. Frente a él avanzaban varias personas con la misma cara de curiosidad portando en ambas manos una suerte de cofre, que bien podría ser una cajita musical. Sintió vergüenza de no llevar nada, pero no se detuvo. En la monotonía del camino por momentos las líneas se alteraban, cambios imperceptibles le hacían mucho más placentero el viaje sin darse cuenta.
Llegado un punto los otros sujetos comenzaron a abrir las cajitas que llevaban, un concierto de luces y sonido comenzó a expandirse por todo el lugar, los pinos vibraban. Todos se dieron vuelta maravillados para mirarlo, sus ojos aguardaban una sentencia o un asentimiento.
Descubrió que estaba sordo.

Sentado en una silla de oficina con el cuerpo levemente ladeado hacia la izquierda y una puntada en el cuello que lo atacaba in crescendo, fue abriendo los ojos al compás del reflejo del sol que se filtraba por el ventanal de la oficina. Observó el resaltador sin capuchón en el piso e inmediatamente llevó su vista hacia el blanco pizarrón, escrito con una letra que podría conocer pero no, y menos a esa hora y en ese sopor.
Se acercó a leer esperando alguna certeza:
“El Inglés arriba del Español no son apodos en una justa de cuchillos en los arrabales. Mera noción geográfica aplicada a un librito y un conjunto de piedras aparentes. Una vida aparente y otro retrato casi igual, festividades que se recursan con meses de diferencia. Obsesión, campaña, creación, operaciones inconsistentes”.
Debía haber sospechado la naturaleza insoportablemente maliciosa de estos sujetos, trató de hacer memoria de las nociones adquiridas mientras se daba vuelta para encontrarse frente al sujeto que hace unos días le arrojó un libro. Estaba sentado arriba del escritorio, junto a la encomienda.
- ¿Y?
- Y no sé... vos no podés firmar así me voy, esto es muy loco.
- ¿Querés ser mi amigo?
- ...
- Siempre quise tener un amigo cadete. Si querés te ayudo para buscar al redactor... el libro es de Juan Rulfo.
- ¿Y eso de qué me sirve? Cinco días acá esperando, aguantando todo esto.
- Bien podrías seguir viviendo en la rutina del espejo que de hecho es tu vida y sin embargo un día puede estallar y hacerte ver que no, tenés la opción de vivir, ¿no te gustó que te estalle la rutina? El inglés está arriba del español en América del Norte.
- Todos locos, todos locos. Uno que viene con voluntad, yo que gané el premio a la mejor gestión Cadetes 2008...
- Es lo que siempre me dicen: “Nojo tarla. Refunde cruno. Patequi concre”. En septiembre se festeja otro bicentenario en América.
- A la mierda, no aguanto más.
Comenzó a caminar ligero hacia la puerta, al abrirla se encontro con una persona con sombrero de mariachi, sobretodo y una valija con stickers de “Viva México” en cada mano que aprovechó la puerta abierta y se dió paso diciendo “no te esperaba, ¿tenés una birome?”.
- No, no, no, no. Y no quiero saber quién sos, estoy harto.
El recién llegado editor se dio vuelta mirando extrañado al que estaba en el escritorio; luego de un momento este dijo:
- No hay nada que hacerle, los cadetes me detestan.
Dicho esto se recostó, usando la encomienda de almohada.


(Por el Ilustre Desconocido)

Devuélvanmen al editor - Día 4

-Ni se te ocurra tocar eso.
Como si hubiese anticipado una acción futura, un tipo apoyado contra el marco de la puerta de entrada gritó la orden. Vestía una remera grande y suelta sin mangas, unas bermudas y sandalias con abrojos.
De barba tupida y ojos fulminantes, su voz tenía la persuasión de los que tronan y sin embargo tras ese aspecto intimidatorio había ciertos atisbos de dulzura y parsimonia.
Nuestro protagonista no podía entender lo que se le ordenaba dado que no pensaba realizar ninguna acción más allá de mirar el paquete que no era para él, como se le ocurre creer que puede violar correspondencia privada, justo él que fue obsequiado con el premio a la mejor gestión Cadetes 2008 como creer aunque ya de por sí creer era demasiado pero estaba ahí después de todo acatando la orden del gigante.
-¿Que no toque qué?
-Mi brazo ha ejecutado la peor de las muertes y sin embargo la sangre es suficiente y nunca me desborda. Sobran altares que hacen olvidar mi paganismo para adorarme en la mesa grande a la que nunca me acerqué en mi origen. Ya ha pasado la era de los rapsodas aunque te quieran hacer ver lo contrario.- Movía los brazos para darle énfasis a sus frases, curiosamente permanecía en el umbral de la oficina, sin entrar.
-¿Porqué no entra?
-Hay lugares que tengo vedados.
Dicho esto dio un paso hacia adelante para ejemplificar su veda: una catarata de carcajadas comenzó a caer vaya uno a saber de dónde; risas impostadas como en una vulgar casa encantada de feria, risotadas fingidas que por falsas eran más insultantes. El hombre acarició su barba y retrocedió, las risas cesaron.
-Aquí la luna sale siempre y son felices. Cuando todos se abruman y se abandonan a la desidia rutinaria, ellos ríen y ríen y ríen y me difaman y me detestan por no ser luna y cargar tanta historia de odios que me atribuyen... -su voz se fue haciendo más sombría- ...y me vituperan pero vuelven a buscarme para reírse de mí, yo que condenso el poder del mundo.
Antes de terminar un proyectil húmedo lo alcanzó en la frente. El joven que hace un instante estaba parapetado en su oficina y lo mandó a buscar el cañón estaba ahora a su lado:
-Otra vez se me fue el bondi, sos aciago loco-, le dijo al grandote y se volvió a meter en su oficina.
El barbudo comenzó a alejarse por el palier del edificio, al llegar a las escaleras gritó.
-¿Qué día es hoy?
-Jueves-, le dijo nuestro protagonista con cierta indecisión propia de quién no siente el peso de los días.

Nota mental: acumular situaciones y personajes no siempre satisface los deseos de una trama que se simplifica en las incoherencias. Cuatro días van cumpliendo su ciclo pero no hay indicios en mi cuerpo del paso del tiempo, no más que una sensación de amaneceres y ocasos volviendo la claridad por quinta vez pero podrían ser sólo dos días con la salida de la primera luna, pero aquí nunca es martes y el alba me sorprende por última vez.

Colgado en la pared, a la derecha de la puerta de entrada, un pizarrón blanco con un marcador indeleble apoyado ofendía su mirada al rebotar en él el reflejo de las primeras luces.


(Por el Ilustre Desconocido)

Devuélvanmen al editor - Día 3

La puerta no cedió tan fácil como las anteriores. Tuvo que hacer un poco de fuerza extra con el hombro dado que algo impedía el paso, una mesita (los muebles se repetían simétricamente en las tres habitaciones) que tenía sobre sí el portarretrato de una empanada de lunares, por lo menos a simple vista.
Una vez hecho el hueco necesario para que su cuerpo pase, entró. Lo recibió un proyectil en la frente de un húmedo y dudoso material.
Iba a repetir la frase de presentación que ya le había resultado inútil anteriormente cuándo escuchó: “ah, vos no sos, no estás tan verde. Vení, ayudame con estas maderas”.
Fue en ese momento que notó que la persona que le hablaba cargaba planchas de madera balsa y el ventanal de la oficina estaba completamente destrozado.
“bay gue ejjar un huego paba maioblar”, le dijo con varios clavos en su boca.
Comenzó a ayudarlo para costearse su amistad, quizá de ese modo obtendría alguna respuesta que le permita hallar al editor para entregarle el paquete, misión cada vez más difusa y lejana.
Durante todo el día trabajaron cortando y clavando las maderas contra los marcos. Dejaron una pequeña hendija 60 cm de largo y un metro y medio de ancho aproximadamente, hecho lo cual se sentaron contra la pared bajo el ventanal, expectantes. No habían prendido la luz y sólo lejanos faroles iluminaban la oficina.
Estando de frente al escritorio podía ver el monitor de la PC encendido, para su sorpresa “Nojo tarla. Refunde cruno. Patequi concre. Nucuza nodi mila radaco queto enleyre.” ocupaba el centro de la misma, era el momento de indagar:
- ¿Qué significa?
- Que nos tenemos que turnar para espiar, cuando veas venir alguno traemos el cañón y realizamos la contraofensiva -tembló de repente y agregó- ¡Ahora! ¡Ahora! Fijate vos -y se puso en posición fetal.
Nuestro personaje espió por el hueco dejado a tal fin... nada que valga la pena, ni sospechas ni misterios. Armado de coraje dijo:
- Nada... igual yo me refería a eso -al decir esto señaló en dirección opuesta al ventanal.- ¿Vos sabés que quiere decir?
- Etelvina...
Sus ojos tornáronse contemplativos, con un brillo rojizo... un sonido seco como de chicharra lo sacó de su ensoñación. No hubo tiempo de preguntar de donde venía:
- ¡Agachate! Rápido!
Obedeciendo a un impulso de dudosa rebeldía, nuestro protagonista permaneció inmóvil. No duró mucho:
- Andá a buscar el cañón, es el momento.
Oteó por el hueco antes de salir de la habitación. Un colectivo de la línea 28 aguardaba en su parada el ascenso de los pasajeros.

Nota mental: hay cierta tendencia al eufemismo, la frase incompleta, la cita oscura en este laberinto de oficinas que, como los grandes laberintos, es una línea recta. Las preguntas conducen a otras preguntas y aquí estoy, buscando un cañón.

La sala central estaba igual que siempre, con sus escritorios vacíos y vírgenes de uso. Nada se suponía útil para ser empleado o confundido con un cañón.
Finalmente, miró el paquete que apoyara allí hace tres días.


(Por el Ilustre Desconocido)

Devuélvanmen al editor - Día 2

La puerta cedió al primer impulso; la noche inundaba la habitación desde un ventanal al fondo. Apretó el interruptor de la luz pero nada se iluminó adentro, sólo afuera fuegos lejanos de un festejo clareaban la oscuridad.
Sin confiar en la torpeza de sus ojos se sentó en el piso a esperar el amanecer, meciéndose en un tango ausente hasta dormitar.
Un frío que empezaba en los pies, se hacía fuerte en las rodillas y bajaba por los hombros en ese sinsentido del frío que imposibilita guarecerse, lo despertó con las primeras luces del alba.
El sonido de sus huesos tronó en los movimientos que acompañan al típico bostezo del buen día.
Sentado en la silla con los pies apoyados en el escritorio, un sujeto leía un libro sin percatarse de su presencia.
“Hola, ¿usted es el editor?”, balbuceó con el sonido gutural propio del despertar, preocupado por una lagaña que le impedía abrir el ojo derecho.
“Estamos en mayo; si fuera septiembre lo sería”.
Asombrado por lo que le pareció una tomadura de pelo repitió la pregunta enfatizando sus fuerzas en el verbo ser.
“Todos creen que muere pero no, ya estaba muerto desde siempre, al igual que el resto de los personajes, los disparos, la revolución…”
El extraño personaje le arrojó el libro sin tapa al pecho. Lo dio vuelta para leer “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre”, la primera línea para preguntar de quién era pero antes de poder articular palabra lo interrumpieron los murmullos que se iban haciendo cada vez más audibles y cercanos hasta llegar a la puerta representados por tres personas: uno vestía un ambo celeste roído y a su lado avanzaba un ser pequeño con una túnica blanca de vivos circulares rojos y letras mudas. Detrás de ellos un ser enorme en camisa de manga corta y descalzo arrastraba un espejo de pie bastante pesado para colocarlo frente a nuestro protagonista.
El presumible dueño de la oficina se puso a su lado, el espejo reflejaba una pieza conocida:
“Mira bien, puedes estar levantándote de tu cama y saliendo raudo a la calle luego de un desayuno frugal…el almuerzo te encontrará en un bolichón al paso y la media tarde fumando un cigarro en la plaza…tus padres te esperan a cenar y llamarás a tu novia antes de acostarte para repetir las acciones con variantes irrisorias”.
Mientras esto decía las imágenes se acumulaban en el espejo como flashes de un trailer aburrido.
“Ahora bien, de los millones de fragmentos conservas los necesarios para vivir, pero hay espacios oscuros que te sangran”.
El espejo volvió a sus funciones usuales para devolver el rostro del cadete en una mezcla de asombro y miedo, mordiéndose los labios para no llorar o correr.
“Esa cara podría ser retratada si tuviese tiempo”, dijo el extraño sujeto antes de sacarle el libro de sus manos para darle un golpe seco al espejo que estalló en miles de pedazos y lo dejó solo nuevamente en la habitación a oscuras.

Nota mental: el libro debió ser Alicia a través del espejo seguro sino no se entiende pero qué iguala a mayo con septiembre y mi reflejo en el espejo no puede ser interesante para una persona normal. El tiempo es ilusión y mi día fue ese espejo que me devuelve aquí una noche más.

Acumulando preguntas, pasó a la siguiente oficina.


(Por el Ilustre Desconocido)

Devuélvanmen al editor - Día 1

La escalera era una premonición. Una espiral ascendente con descansos minúsculos, a la izquierda del hall de entrada.
“Va a ser duro”, se dijo, sin imaginarse siquiera el sentido de la frase y por qué su cabeza era receptáculo de frases hechas si estaba solo y no debía decir nada por compromiso para nadie, se sentía tonto pero tampoco para tanto teniendo en cuenta que los últimos peldaños de la escalera los hizo apoyando la palma abierta de sus manos en el muslo a la altura de la rodilla, pensar era demasiado.
Poco ruido de oficina. Misión sencilla: entregar paquete a editor. Salir previa firma de recepción.
Los tres escritorios que se veían en la sala estaban completamente vacíos: ni rastro de huellas que hicieran pensar que esos muebles hayan sido usados alguna vez.
Sobre la derecha había un pasillo con varias oficinas, cuyas puertas estaban cerradas.
Apoyó el paquete en uno de los escritorios y se dirigió a la primera puerta.
“Qué poca seguridad”, se dijo, haciendo permanecer a su cabeza en la región de las estupideces.
Tenía pocas referencias de la persona que debía buscar, sabía por alguien que hacía poco tiempo había frustrado una intentona de revolución onírica perpetrada por entidades dudosas y quizá por eso le pareció raro que no hubiese algún tipo de control pero quizás no entendió bien el concepto revolucionario y no era más que perorata dialéctica pero igual la asociación era fácil. Fácil, sobre todo.
Entró a la primera oficina: vacía, sin embargo poseía signos de haber estado ocupada hacía poco: un cuadernillo y una empanada lo recibieron desde una mesita contra el rincón.
“Qué hambre”, pensó, pero no fue él sino su cuerpo quién le dio la orden de zamparse media empanada de un bocado mientras se acercaba al escritorio.
Se acercó y al mirar el monitor de la PC descubrió la siguiente frase: “Nojo tarla. Refunde cruno. Patequi concre. Nucuza nodi mila radaco queto enleyre.”
“Un mensaje en clave”, se dijo, y…

(Qué tal, soy el narrador: creo que como yo han notado que el protagonista de esta historia abusa de los lugares comunes –por no decir una vulgaridad- cada vez que se siente con autoridad para trasmitir su pensamiento, como si en eso se fuera el sentido de toda la historia. Harto de tener omnisciencia sobre este sujeto, le he propuesto a falta de una libreta y una lapicera que manifieste las ideas necesarias para la fácil comprensión del texto mediante notas mentales –como quién recuerda pagarle al sodero al otro día- para que todos lleguemos al desenlace contentos y vivos, sobre todo él)

…el día ya no estaba enmarcado en la entrega de un paquete de contenido desconocido, sino que el paradero del redactor se le hacía imperativo, lo mismo que descifrar el mensaje observado en la PC.
Se acerco al cuadernillo de la mesita buscando respuestas, abrió una página al azar y leyó: “When set to [no], BIOS configures all the devices in the system.”. Toda la tarde leyó. Antes que la desesperación lo enloqueciera, entendió que las últimas tres páginas estaban en español y oficiaban de traducción de lo que había leído anteriormente.
Nota mental: parece que en la oficina todo es en clave y sin embargo el español está ahí nomás del inglés entonces se entienden ambos por uno o en su mezcla. Y la empanada era de jamón y queso.
Dispuesto a obtener más pistas, se dirigió a la siguiente oficina.

Afuera oscurecía.


(Por el Ilustre Desconocido)

Instrucciones para la correcta lectura de mitologías crípticas


Miguel Ángel Asturias, "Leyendas de Guatemala".
(En cursiva coloreada, interpretaciones libres, únicas con valor de verdad.)

Leyenda del Volcán (fragmento)

Algo que se quebró en las nubes sacó a los tres hombres de su deslumbramiento.
Dos montañas movían los párpados a un paso del río:
(...)
La que llamaban Hurakán (origen mitológico del Globo), montaña de nubes (se refiere al tiki-tiki), subió al volcán a pelar el cráter con la uñas (hace alusión al "cuchillo entre los dientes" de Goltz).
El cielo repentinamente nublado, detenido el día sin sol, amilanadas las aves que escapaban (River) por cientos de canastos, apenas se oía el grito de los tres hombres que venían en el viento, indefensos como los árboles (la defensa de Newells) sobre la tierra tibia
En las tinieblas huían los monos (Boca), quedando de su fuga el eco perdido entre las ramas. Como exhalaciones pasaban los venados (Tuzzio). En grandes remolinos se enredaban los coches de monte, torpes (Ayala), con las pupilas cenicientas.
Huían los coyotes (Gimnasia Y Esgrima), desnudando los dientes en la sombra al rozarse unos con otros, ¡qué largo escalofrío...! (el pecho de los hinchas de San Lorenzo)
Huían los camaleones, cambiando de colores por el miedo (Migliore); los tacuazines (Brazenas), las iguanas (Gareca), los tepescuintles (Brazenas), los conejos (Saviola), los murciélagos (Beligoy), los sapos (Asad), los cangrejos (Islas), los cutetes (Brazenas), las taltuzas (Brazenas), los pizotes (Brazenas), los chinchintores (Brazenas), cuya sombra mata.
(...)
Y a grandes saltos empezaron a huir las piedras (Arsenal), dando contra las ceibas, que caían como gallinas muertas (obvio) y a todo correr, las aguas, llevando en las encías una gran sed blanca (la de Maradona), perseguidas por la sangre venosa de la tierra.
Nido vio desaparecer a sus compañeros (...) Y en vano esperó después la voz de su corazón, renaciendo en cambio, a manera de otra voz en su alma, el deseo de andar hacia un país desconocido (Argentina). Las arenas del camino, al pasar él convertíanse en alas, y era de ver cómo a sus espaldas se alzaba al cielo un listón blanco, sin dejar huella en la tierra (el globo).
Dulce regreso de aquel país lejano en medio de una nube de abalorio (el globo). El Volcán apagaba sus entrañas —en su interior había llorado a cántaros la tierra lágrimas recogidas en un lago, y Nido, que era joven, después de un día que duró muchos siglos (100 años de locura y de pasión), volvió viejo, no quedándole tiempo sino para fundar un pueblo de cien casitas (Parque Patricios) alrededor de un templo (El Palacio Ducó).


(Por el Ilustre Desconocido en yunta con Miguel Ángel Asturias)

Intimidades de una visita al dentista

Martes, 18:45 hs. Combatientes de Malvinas y Llerena, Villa Urquiza, Ciudad Autómata de Buenos Aires.

Al salir de la cita con el odontólogo (gran infección, Amoxidal 500, volvé en dos semanas), la cámara de diputados discute acaloradamente la aprobación del matrimonio homosexual y ya no me preocupa la muela. Ganas de comer un pancho (en realidad, ganas de fumar, pero ya no fumo -excepto a veces-, entonces: ganas de comer un pancho). Bar-parrilla-café-conventillo a punto de desmoronarse. Ventana a la vereda con cartel "Chisap" y máquina-hacedora-de-panchos a la vista. Angurria del hombre, gula incontenible, avidez, codicia de pancho. Débil resistencia de la voluntad, herida por la contienda del tabaco, sometimiento ante la tentación. Se efectúa el pedido desde la ventana-mostrador: "¿hay panchos?, deme uno, por favor". Vendedor mugriento, desalineado y gentil: "demora un ratito, sentate", invitación a pasar y compartir una mesa con las moscas y las sobras de banquetes pretéritos.

Ya en la mesa, ganas de hacer pis. "¿Hay baño?", -"Seeee, pasá por ahí". Mano que indica un fondo, una trastienda, un tras-bambalinas del antro. Temor. Envalentonamiento. Caminata al patio, baño en el fondo. Dama lavando ropa en pileta de cemento. Baño de damas, baño de caballeros. Baño de caballeros imposible de describir mediante el idioma. Sinfín de olores ancestrales, épicos. Hedor cósmico y violento, con ganas de boxear. Barandaje infumable, respiración contenida. Mingitorio rudo y sucio, como todo. Realizo 3 respiradas en total durante mi permanencia en el pequeño recinto nauseabundo. Particular sistema de lavabo sin lavabo, croquis en 3 dimensiones a continuación:


Huida a alta velocidad, desandando el camino hasta el salón del boliche. Pancho en elaboración, empanadas en vitrina. Se desconoce si la nueva tentación proviene del repulgue o del morbo. Se presume la segunda. Llamativo:

- Empanada de carne: $2,50
- Empanada de jamón y queso: $3

No se especifica de qué animal se obtuvo la carne. “¿Qué le ponemos al pancho, maestro?”, “Mayonesa nomás”. Entrega del pancho. Más frío de lo que entró a la máquina-hacedora-de-panchos. No contento, solicitud de empanada de jamón y queso. Detalle de secuencia: se aproxima otro socio que hasta el momento permanecía inadvertido, abre la vitrina, toma con su mano izquierda una empanada, la extrae de la vitrina, sopesa la situación, me obsequia una mirada, vuelve a sopesar la situación y vuelve a mirarme, pero esta vez produce una mueca inabarcable que no intentaré describir (incluía los labios apenas de coté y no terminaba de ser una sonrisa informe) mientras entrega la empanada con la mano izquierda desnuda, cual ofrenda, cual él nativo yo divinidad, cual él ancestral yo efímero, cual él escuela primaria yo universidad, cual él local yo visitante, cual él bar yo estúpido. La mano izquierda desnuda, desnuda la empanada rellena de una promesa de jamón y queso, 50 guita más onerosa que su colega cárnica, desnudo de prejuicios el oferente, desnuda mi alma que sostenía un pancho frío e igualmente desnudo, desnuda la mano que tomó la empanada y la introdujo así, desnuda, en el bolsillo izquierdo de la campera media-estación. No había posibilidades de que sucediera de otra forma. Secuencia que comienza con un acto y entrelaza nuevos actos del mismo tenor: empanada morbosa, mano desnuda a mano desnuda, empanada que descansa desnuda en bolsillo.

Desconcierto al pagar, desconcierto al partir. Asombro al morder el pancho una vez más y notar que la mayonesa sabe a mostaza y verificar que no es mostaza. Pancho que descansa en un cesto naranja. Empanada que descansa desnuda en un bolsillo mientras compro un Amoxidal 500 y los gays se preparan para festejar.


(Por Nico)

Grandes Gritos del Rock (XX) - Un rayo en medio del campo

Esto es insoportable, no entiendo por qué se cuelgan diez minutos con un riff injustificado, por qué canta así, qué le pasa, por qué grita, en qué idioma habla, y éste se dice poeta, no lo quiere nadie, qué quilombo de sonido, ni sitio de internet tienen, qué gordo boludo. Sí, podrá ser un gordo boludo, podrá balbucear frases ininteligibles, podrá escribir cualquier fruta y no cantar muy bien, pero... No me acuerdo qué contrarrestaba todo eso, pero créanme que era lo suficientemente bueno como para combatir cualquier injuria. Capaz eran los Ray-Ban, no sé...

Consecuencias de ir a un toque de La Hermana Menor, según ellos mismos:
- Podés encontrarte con una banda que sabe lo que toca pero que no lo sabe tanto como para que suene como un disco.
- Podés conocer gente interesante.
- Si sos del sexo femenino, podés terminar en la cama con algún integrante de la banda.
- Si sos del sexo masculino y la banda está muy borracha y confundida, en una de esas también.
- Si Iván está con ganas de bailar podés llevarte una cicatriz en forma de clavija de bajo en la frente.
- Podés conseguir el contacto de un buen dealer.

- Podés cambiar tu idea de lo que tienen que darte musicalmente en un show de rock y de lo que vale tu entrada.

Pero la gente nunca está conforme. "No se entienden las letras", vociferaba la masa. "No salgan a ver un show de rock y quédense en sus casas leyendo un puto libro de poesía", respondía el vocalista. Si hubieran entendido, habrían sabido que Buenos Aires es un damero radiante, que alguna monja tiene 32 dientes blancos, que Rada está cha-cha-cheando en la radio, que Elvis fue visto en Tahití y hasta las tácticas de las cucar
achas. Y entonces no podrías ignorar el mar; entonces vería tu foto, con el inconfundible Atlántico de fondo, a las seis, cuando se cubre de brillantina y no hay casualidad y no hay forma de no entender el mensaje.

En realidad, no habría motivos razonables para fijar la atención en esta gente. Es tan inútil como esta hermosa canción, ahí está Tüssi que no me deja mentir...


Coordenadas:
Para descargar

Responsable: Tüssi Dematteis
Obra: Inútil
Frase: (No se entiende)
Momento: 2:19 > 2:39

¡Que grite el rock!



(Por Nico)

Caras impagables XI - Pechos que deberían inflarse

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Ser propietario de un Gol Country, motor 1.6 a inyección, es fantástico. El propietario de un Gol Country 2006, con faros antiniebla y alarma antichorros, puede descansar confiado en su sex-appeal, en su don de gente, en su fachada de hombre de familia. Una vez que un hombre se hace dueño de un Gol Country -si es usado, mucho mejor-, la vida no es la misma: las mujeres entienden inmediatamente la valía de ese hombre y caen rendidas en su amplio baúl a través de la puerta trasera, tres luces de stop. El amo y señor de un Gol Country -54000 kilómetros, 39000 pesos, sólo efectivo-, también es amo y señor de la seducción, del arte de enamorar, de los recónditos bajofondos donde se siembra el amor y se recoge. Sea usted ese hombre, sienta en su propia piel las mieles del éxito. Dele a las zorras un motivo para amarlo, aunque sea.
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Las placecitas de Buenos Aires tienen ese no se qué de sombras arboladas legendarias atravesadas de ripios rojizos transitables tras el follaje de lo agreste que combate desde su posición de quietud fuera del tiempo un progreso de rápido transitar de caminos hacia la nada, vislumbrando estático su naturaleza inmortal, como aquellos dioses que nos ven pasar enceguecidos con la ternura de la experiencia.
Y escupen en su posteridad sobre esas plazas de cemento, mausoleos de patética anacronía y mutismo de muerte, pero de la muerte sin epifanía, de la muerte para siempre. Árboles dispuestos en falso consorte, alejados y timoratos, replegando sus raíces y evitando la sombra, aburridos del paisaje y de ellos mismos.

En fin, el trabajo en el Microcentro obliga a recreos de cemento, lejos del verde y la sombra, cerca de la ceguera de los días.
Pocas motivaciones más allá del empuje gástrico de la alimentación necesaria por voluntades que nada tienen que ver con el instinto arrastra a transeúntes hacia los pequeños espacios verdes y/o grisáceos para almorzar, fumar, retozar, dormitar.

Allí moran las palomas: animales insulsos que sobrevuelan bajito pero con gran gambeta, en la búsqueda de los restos y las migas que se arrojan por desidia, misericordia o mala educación a la hora de masticar.

Entonces la imagen: entre los restos de un pan que fue sánguche y ahora no, salta a la vista el trozo más preciado, el llamado coquito de pan; esa terminación deliciosa de masa que poseen los panes bien hechos a leña.
Tres palomas en disputa. Arman un semicírculo alrededor de la presea. Aletean pavorosas, sus miradas son cuchillos que intentan apagar el hambre de sus contrincantes a puro pecheo. Esto debe ser rápido, vendrán otras a reclamar una parte. Será la gloria para una, el derrumbe de la ambición para el resto. A esos rostros les falta el sudor de una situación tensa, puede que lo tengan, poco les resta para alcanzar el odio más sentido.
Un pequeño gorrión atraviesa el cerco de palomas en justa y arrebata el trofeo con su pico, levantando vuelo luego hasta alcanzar la rama del árbol más alto.
Luego del terror (que parecía eterno porque duró solo un instante), las palomas continuaron en otras faenas.

Alguien perdía el tiempo leyendo el suplemento deportivo de un diario.


(Por el Ilustre Desconocido)